La Resiliencia En La Educación
Dra. Elvia Marveya Villalobos Torres
Universidad Panamericana. Facultad de Pedagogía
Coordinación Editorial
mvillalo@mx.up.mx
Lic. Edith Castelán García
Universidad Panamericana. Facultad de Pedagogía
Coordinación Bolsa de Trabajo y Graduados
ecastela@mx.up.mx
INTRODUCCIÓN
Reflexionar hoy sobre la resiliencia nos permite conceptualizarla y valorarla con
una perspectiva renovadora, concibiéndola como la capacidad de la persona
humana de sobreponerse a los riesgos de la existencia no sólo superándolos
sino desarrollando al máximo su potencial, proceso realizable a través de la
construcción de una Pedagogía preventiva resiliente.
CONCEPTO DE RESILIENCIA
Del campo de la psicología y la psiquiatría se transfirió a la pedagogía el
concepto de resiliencia, así como sus imbricaciones en el desarrollo de las
personas ante la adversidad y el caos, que es lo que prevalece hoy día. Hoy se
asiste a una aparente descomposición de lo social, enraizado en lo personal y
lo familiar.
La resiliencia en esencia es la capacidad de recuperarse, sobreponerse y
adaptarse con éxito frente a la adversidad y de desarrollar competencia social,
académica y vocacional pese a estar expuesto a acontecimientos adversos, al
estrés grave o simplemente a las tensiones inherentes al mundo de hoy.1 En
la actualidad todo docente y estudiante, y de hecho toda persona, niño, joven,
maduro o anciano, requiere desarrollar resiliencia.
La resiliencia en educación es la capacidad de resistir, es el ejercicio de la
fortaleza, como la entienden los franceses: “courage” para afrontar todos los
avatares de la vida personal, familiar, profesional y social. El término “resiliente”
se ha adoptado en cierta forma en lugar de: invulnerable, invencible y
resistente. La acepción de “resiliente” reconoce el dolor, la lucha y el
sufrimiento implícitos en el proceso. El concepto de la resiliencia se aleja del
modelo médico del desarrollo humano basado en la patología y se aproxima a
un modelo pedagógico proactivo basado en el bienestar, el cual se centra en la
adquisición de competencias y eficacia propias. Es necesario explorar las
fuentes de la fortaleza personal, considerando que la perfección de la fortaleza
es la constancia, la capacidad de acometer y resistir. El proceso de adquirir
resiliencia es de hecho el proceso de la vida, dado que toda persona requiere
superar episodios adversos de estrés, trauma y rupturas en el proceso de vivir,
sin quedar marcado de por vida y ser feliz. Y de esta forma resulta coincidente
con la Pedagogía al reconocerse que ésta es la ciencia que enseña a vivir bien
la vida, aceptando el sufrimiento que conlleva.
El término resiliencia tiene su origen en el latín, resilio que significa volver atrás,
volver de un salto, resaltar, rebotar. El término se utiliza en física. Expresa la
cualidad de los materiales a resistir la presión, doblarse con flexibilidad,
recobrar su forma original, no deformarse ante presiones y fuerzas externas y
su capacidad de resistencia al choque.
Para la educación el término implica, lo mismo que en física, una dinámica
positiva, una capacidad de volver hacia adelante. Sin embargo la resiliencia
humana no se limita a resistir, permite la reconstrucción. La resiliencia en
educación está concebida como un resorte moral, y se constituye en una
cualidad de una persona que no se desanima, que no se deja abatir, que se
supera a pesar de la adversidad.
La educación compleja de hoy es un proceso que presenta las mismas
características del pensamiento y del hombre de nuestra época:
multidimensional, abierto siempre a una transformación cada vez más compleja
que le exige cumplir con su tarea existencial: instaurar su diferencia y construir
su singularidad. Es necesario escuchar menos sobre la susceptibilidad que se
tiene ante el daño y más sobre la capacidad de sobreponerse a las
experiencias de la adversidad: el estrés, el trauma y el riesgo en la vida
personal, que incluye abusos, pérdidas y abandono, o simplemente las
tensiones comunes de la vida.
RESILIENCIA Y EDUCACIÓN
Factores de riesgo: son cualquier característica o cualidad de una persona o
comunidad que se sabe va unida a una elevada probabilidad de dañar la salud
física, mental, socio emocional o espiritual.
Factores protectores: son las condiciones o los entornos capaces de favorecer
el desarrollo de personas o grupos y, en muchos casos, de reducir los
efectos de las circunstancias desfavorables.
Factores protectores externos: se refieren a condiciones del medio que actúan
reduciendo la probabilidad de daños: familia extensa, apoyo de un adulto
significativo o integración laboral y social.
Factores protectores internos: están referidos a atributos de la propia persona:
autoconcepto, seguridad y confianza en sí misma, facilidad para comunicarse,
empatía.
Personas resilientes: son las que a pesar de estar insertas en una situación de
adversidad, o verse expuestos a un conglomerado de factores de riesgo, tienen
la capacidad de utilizar aquellos factores protectores para sobreponerse a la
adversidad, crecer y desarrollarse adecuadamente, llegando a madurar como
personas competentes, pese a los pronósticos desfavorables.
La resiliencia no debe considerarse como una capacidad estática, puede variar
a través del tiempo y las circunstancias. Es el resultado de una armonía entre
factores de riesgo, factores protectores y la personalidad del ser humano. La
persona puede “estar” más que “ser” resiliente. La naturaleza de la resiliencia
es eminentemente dinámica, así como el autoconcepto y puede considerarse
como la adaptación psicosocial positiva.
La resiliencia es una técnica de intervención educativa, sobre la cual es
necesario desarrollar una reflexión pedagógica: la resiliencia permite una nueva
epistemología del desarrollo humano, enfatizando el potencial humano. En
esencia es una nueva mirada sobre viejos problemas del hombre. El riesgo
siempre ha estado presente y, desde una Pedagogía preventiva es necesario
estudiar todos los factores protectores, que se les pueden brindar a las
personas para afrontar el riesgo y salir avantes de él.
El estudio del “riesgo” en la vida de los profesores y de los alumnos y la
detección de una infinidad de “factores de riesgo” han contribuido a crear una
sensación de desaliento respecto de los niños y jóvenes. Incluso se ha llegado
a pensar que los riesgos generalizados en la vida de los niños, (sin duda una
realidad) condenan inexorablemente a una creciente cantidad de jóvenes a
desarrollar consecuencias negativas: deserción escolar, bajo aprovechamiento,
adicciones.
Los estudiantes resilientes encontraron a un docente favorito que se convierte
en un modelo de rol positivo para ellos; un maestro especial que ejerce una
fuerte influencia en sus vidas, brindándoles calidez, afecto, trato con tono
humano, sobre todo les enseña a comportarse compasivamente.
Innegablemente a los estudiantes resilientes les gusta la escuela y la
convierten en su “hogar fuera del hogar”, en un refugio de su ámbito familiar
disfuncional. Las escuelas con directivos y maestros resilientes son exitosas y
tienden a mantener estándares académicos elevados, a suministrar
retroinformación eficaz que ayuda a los estudiantes ofreciéndoles posiciones
de confianza y responsabilidad. Los educadores conscientes de su
responsabilidad en su gobierno de clase pueden fomentar la resiliencia en sí
mismos, en el aula y entre los estudiantes. La clave fundamental es que la
escuela sea capaz de ofrecer los reforzadores de los factores protectores en la
vida de los estudiantes y de los docentes. La responsabilidad del maestro es
detectar a los estudiantes “en riesgo” y ayudarles a construir su resiliencia.
En toda institución educativa el profesor tiene una función de guía, mediador y
facilitador de aprendizajes significativos. La resiliencia está en relación directa
con los ambientes de aprendizaje y cómo afectan a su desarrollo. Si el profesor
genera un ambiente de aprendizaje amable y agradable con tono humano,
logrará que los estudiantes estén motivados y puedan ver en su quehacer
diario una realización personal. El humor, la fantasía, el afecto, la aceptación
de sí mismo, la ilusión, la alegría, el amor, la generosidad, el optimismo
realista, la esperanza, son destrezas que pueden ser enseñadas, aprendidas y
desarrolladas.
La pedagogía resiliente favorece el movimiento continuo de la armonía entre
riesgo-protección, abriendo a la persona del educador y del educando nuevas
experiencias, pero en su contexto de seguridad y teniendo en cuenta sus
límites. El estudiante podrá de manera progresiva aumentar su capacidad de
luchar, de defenderse y no se arredra frente a la adversidad de los desafíos
para construir su vida en circunstancias variadas ya sean positivas o negativas.
La resiliencia en educación caracteriza a aquellas personas que a pesar de
nacer y vivir en situaciones de alto riesgo se desarrollan psicológicamente
sanas y con éxito, sin consecuencias negativas o perturbadoras a largo plazo
creando en ellos la propia autorregulación y no la imposición de normas
externas de autoridad.
La resiliencia es un concepto con un enorme potencial para todos aquellos
profesionales de la educación que trabajan sobre el terreno, permitiendo
sistematizar y poner en práctica aquello que se hace de forma cotidiana para el
bienestar de los estudiantes.
La resiliencia se propone como una definición pragmática, que hunde sus
raíces en las realidades educativas, con la finalidad de desarrollar habilidades
para surgir de la adversidad, adaptarse, recuperarse y acceder a una vida
significativa y productiva. Para Grotberg la resiliencia es la capacidad humana
universal para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas e incluso
ser transformado positivamente por ellas. Para Egeland, Carlson, Sroufe la
resiliencia es el desarrollo de competencias a pesar de la adversidad.
Son dos los componentes esenciales de la resiliencia: la resistencia frente a la
destrucción, asimismo la capacidad para proteger la propia integridad bajo
presión y más allá de la resistencia, la capacidad de forjar un comportamiento
vital positivo pese a las circunstancias difíciles (Vanistendael y Lecomte, 2002).
El concepto incluye además, la capacidad de una persona o sistema social de
afrontar adecuadamente las dificultades, de una forma socialmente aceptable.
Para Cyrulnik (2002) la resiliencia es un proceso, un conjunto de fenómenos
armonizados, en el cual la persona afronta un contexto, afectivo, social y
cultural. También la define como el arte de navegar en los torrentes.
La resiliencia como combinación de factores que permiten a la persona
afrontar y superar los problemas y adversidades de la vida, se caracteriza por
un conjunto de procesos sociales intrapsíquicos que posibilitan tener una vida
sana, viviendo en un medio insano.
La naturaleza de la resiliencia es dinámica, es la armonía entre los factores
personales, familiares, sociales, protectores y de riesgo. No es un estado
estático, definido y estable, es un camino de crecimiento. La tarea educativa es
estudiar los procesos de la resiliencia, considerando todas y cada una de las
dimensiones de la persona humana.
La resiliencia la construye la persona humana en función de sí misma y del
contexto. Es un proceso complejo donde interviene directamente la voluntad y
las competencias afectivas. Así la resiliencia demuestra que no existe ningún
determinismo genético o del medio ambiente en la persona humana. La
resiliencia es el medio para abrir el campo a la creatividad y al correcto ejercicio
de la libertad, requiere mantener viva la curiosidad, atreverse a experimentar,
abrir los sentidos y la mente a la paradoja, usar la lógica y la imaginación y ser
responsable de sí mismo.
La resiliencia es la condición para desarrollar una pedagogía preventiva,
alternativa a la tradicional de riesgo, basada en el respeto y la aceptación
incondicional del otro, considerando el derecho al afecto de todo ser humano.
Vivir el amor y la afectividad unido al desarrollo de características que revelen
la capacidad de una persona de resistir la adversidad y salir fortalecido de ella,
son una puerta de entrada para emprender una reflexión sobre los elementos
orientados a favorecer conductas socioafectivas en el contexto escolar a
considerar en la prevención, y convertir el cariño y la afectividad en
reconstituyentes terapéuticos de experiencias presentes y futuras.
La resiliencia se manifiesta como un proceso de acción sistemática en el que
intervienen diferentes factores para promover el desarrollo integral de la
persona a pesar de sus condiciones de vida difíciles, siendo clave el contacto
humano (entendimiento y palabra), los afectos y la solidaridad, sin perder
contacto con la realidad.
La resiliencia es un continuo que refuerza las opciones y oportunidades de las
personas mediante la aplicación de sus capacidades y recursos internos para
enfrentarse a situaciones de riesgo que pueden poner en peligro a las
personas, sobre las capacidades personales para afrontar las dificultades,
poniendo en juego sus aptitudes. Las investigaciones en resiliencia han
cambiado la percepción del ser humano, pasando de un modelo centrado en el
riesgo, a un modelo de prevención basado en las potencialidades, en los
recursos que el ser humano posee y en relación con su entorno. (Manciaux et
al, 2003).
Este modelo consiste en reconocer que los seres humanos están
desprotegidos y son vulnerables ante la fuerza de un evento que en sí mismo
puede causar daño, pero paralelamente todas las personas poseen un escudo
protector que es la resiliencia, lo que evitará que esas fuerzas actúen
inexorablemente sobre las personas, porque sirve como filtro que atenúa los
posibles efectos de esos sucesos y en ocasiones, logra transformarlos en
factores de protección, así la amenaza se convierte en oportunidad.
El profesional de la educación requiere centrar su atención en los factores
protectores, que son los recursos con que cuentan aquellos con quienes se
pretende trabajar, más que en los factores de riesgo. Una actitud mental
basada en este modelo, permite reconocer en las personas la capacidad de
ayudarse a sí mismas y convertir al maestro o profesional de la enseñanza en
un apoyo, un guía y compañía eficaz para ellos que les permita salir adelante
porque se basa en las fortalezas y oportunidades que ofrecen ellos mismos y
su realidad, motivándoles para actuar en beneficio propio, lo que les permite
llenarse de esperanza y tener expectativas altas en relación con el proceso de
recuperación y aprendizaje.
La resiliencia en educación es un proceso de superación de la adversidad y de
responsabilidad social. La tarea pedagógica es el diseño de acciones
preventivas tanto individuales, grupales e institucionales, pero una prevención
en donde la percepción de las personas sea concebida con recursos para
desarrollar su propia resiliencia y ser un recurso para otro.
PILARES EDUCATIVOS DE LA RESILIENCIA
1. Enriquecer los vínculos. Implica fortalecer los vínculos positivos. Aquí la
alteridad juega un papel definitivo al reconocer su ego frente al alter (el
otro). Asimismo ayudar al alumno a la vinculación con el rendimiento
escolar y académico conectando a cada uno con su estilo de
aprendizaje preferido.
2. Fijar límites claros y firmes. Establecer con claridad las expectativas que
se tienen del estudiante, en su aprovechamiento y comportamiento
escolar. Enseñarle a asumir las consecuencias de sus actos. Asimismo
ayudarle a vivir en congruencia y unidad de vida.
3. Enseñar habilidades para la vida. Como la cooperación, resolución de
conflictos, estrategias de resistencia y asertividad, habilidades de
comunicación, competencias para la resolución de problemas y adoptar
decisiones asumiendo la responsabilidad y un manejo sano del estrés.
Estas estrategias, cuando se enseñan y refuerzan en forma adecuada,
ayudan a los estudiantes a afrontar los avatares de la vida. Asimismo es
necesario crear un ambiente que procure el aprendizaje de los
estudiantes y ayudar a los docentes a participar de interacciones
eficaces en la institución educativa.
4. Brindar afecto y apoyo. Esto implica proporcionar respaldo y aliento
incondicionales. Para superar la adversidad se requiere la presencia del
afecto y de la ternura. Este afecto no necesariamente se refiere al de la
familia, puede ser que lo brinden los docentes, vecinos, amigos, hasta
las mascotas pueden ser un buen asidero para la construcción de la
resiliencia. Las reformas educativas que se está realizando, la misma
reconoce que un ambiente afectivo es esencial como base de sostén
para el éxito académico. Los estudiantes se esfuerzan más y hacen más
cosas para personas a las que quieren y en quienes confían.
5. Establecer y transmitir expectativas elevadas. Las expectativas tienen
que ser elevadas y es necesario que a los estudiantes se les presenten
y se analice el futuro, porque al no presentárseles esperanzas realistas
de realización de sus deseos, con la finalidad de tener motivadores
eficaces, no visualizan y luchan por conseguir lo que se planteó como
expectativa alta lo cual repercute en su comportamiento al asumir bajas
expectativas para ellos mismos. Lo mismo sucede con los docentes o el
personal de la institución educativa, que critica el hecho de que sus
competencias y su potencial, a menudo no se reconocen o se
subestiman.
6. Brindar oportunidades de participación significativa. Esta estrategia
significa otorgar a los estudiantes, a sus familias y al personal docente
una alta cuota de responsabilidad por lo que ocurre en el centro
educativo, dándoles oportunidades de resolver problemas, tomar
decisiones, planificar, fijar metas y ayudar a otros. Este medio de
construir resiliencia ayuda al cambio que se solicita por los agentes
certificadores de las instituciones educativas como el que la enseñanza
sea de mediación, el currículo más pertinente y atento al mundo real, las
decisiones se tomen en trabajo colegiado y se realice academia entre
los docentes.
CONCLUSIONES
El acto de resistir que se propone con la resiliencia, exige crearse a sí mismo,
instaurar la diferencia personal, construir la singularidad, la educabilidad.
El sólo resistir ayuda a modificar las situaciones, por lo tanto la resiliencia forma
parte de un factor de la condición humana. La resiliencia hoy está
sobredimensionada porque en esta sociedad del riesgo la reacción inmediata
es la resistencia y por lo tanto es una reacción de la sociedad actual, pero al
sobredimensionar la resiliencia se trata de dimensionar el acto de resistir que
es eminentemente un acto volitivo y las personas se marcan consignas: “ahora
sí voy a cambiar”. Este cambio que se plantea de manera real requiere de una
estructura de conducta, de pensamientos, de hábitos; no se toma la decisión si
no se está acostumbrado a mantener hábitos, a desarrollar conductas, a
controlar rutas o incluso hasta llevar una vida con base en metas y objetivos, a
saber elegir, a tomar una decisión, si todo esto no tiene asidero en la estructura
de la persona humana, que no se puede mantener cuando carece de un
sentido de respeto, de consideración y aprecio por sí mismo.
El acto volitivo se genera porque se tiene estructurada la voluntad como
capacidad específicamente humana. La capacidad no está tanto en decir sí o
no, si no se tiene disciplina, si no se tiene capacidad de resistencia, si no se
está acostumbrado a cumplir. La estructura volitiva es indispensable, sin ella no
hay manera de avanzar.
Resiliencia sí es una salida, pero una salida cuando se ha recorrido el camino
de confrontación, de entendimiento, de construcción, de gobierno de sí mismo.
Es necesario también evitar los fantasmas que crea la imaginación, los deseos
pulsión, los apetitos, los recuerdos, los traumas, que al no identificar, mucho
menos gobierna.
Resiliencia sí es salida pero cuando se ha realizado la construcción de sí
mismo, de forma congruente, de manera disciplinada, siendo sensato y
prudente al elegir.
¿De dónde se obtiene la fuerza para resistir? Si el riesgo es la causa, la
resistencia es el efecto, por ende se constituye una relación causal que es la
resiliencia que posibilita adaptarse, sobreponerse y recuperarse de la
adversidad.
Es necesario desconfiar y cuestionarse sobre estos conceptos porque
pareciera que los planteamientos están dados desde lo cambiante de la
persona. Y efectivamente depende de los cambios, pero los de siempre, los
perennes; lo permanente de la persona, su esencia, se manifiesta en su
capacidad de pensar, de reflexionar, y resistir, ser resiliente, no es suficiente
porque es sólo un medio. Lo fundamental es el fin, el para qué, que marca
finalidades, metas, objetivos.
Resistir es una estrategia que le permite a la persona crear para llegar a su
autonomía. Resistir es crear las condiciones. Y el proceso de creación es
positivo, pero la resiliencia es el medio para conseguir la obra personal, de
cada quien, que son sus finalidades, metas, objetivos, propósitos, lograr el fin
mismo del hombre, vivir en plenitud, no haciendo cosas buenas, sino siendo
buena persona, es necesario hacer cosas buenas para alguien, para sí mismo,
para los otros. De lo contrario la resiliencia se convierte en una doctrina del
sobreviviente (Reality show).
Se trata realmente de aprender a vivir con conocimiento de causa y lograr el
mayor gobierno de la propia vida, para afrontar los embates externos para
realizar y resistir lo que cada persona se propone como fin. La clave es
instaurar la diferencia y construir la singularidad. No hay resiliencia si no hay un
“quiero vivir mejor”, “quiero ser una mejor persona”.
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vid: GIDDENS,A. Un mundo desbocado, P. 33-48.
Es necesario estudiar el libro de HENDERSON, N. puesto que estas estrategias están
analizadas y fundamentadas para el logro de escuelas resilientes, directivos resilientes,
profesores resilients, estudiantes resilientes.
lunes, 18 de agosto de 2008
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